Los Mudras en Medicina Manual Etérica (m.m.e.)
La palabra mudra se traduce por gesto consciente realizado con la manos o con el cuerpo para producir un efecto fisiológico o psíquico.
Con la práctica de la m.m.e., se aprende a crear pensamientos y emociones interiores que se traducen a través de las manos en gestos. Aprendemos no por la división y separación de las partes sino por la relación de las mismas, en ese preciso momento entre todos los tiempos y entre el paciente y el terapeuta.
El proceso es creativo y con muchas variables, pero he querido hacer a modo indicativo un guión que exprese y de una visión general de las posibilidades de la m.m.e. Por lo que no están expuestas todas las maniobras y técnicas, que se estudian durante la formación, de sintergética.
El primer gesto es la alineación con el alma, mediante la visualización y evocación de los triángulos de irradiación y magnetización y la conexión con la energía de los grupos de sanadores de la humanidad y con la energía de aquellos que cada uno considera sus maestros, guías.
El segundo gesto, ya con el paciente, es mirarle a los ojos , dar la mano y llevarle al corazón. Esto supone desarrollar la ciencia del contacto, aprender a escuchar. Uno de los gestos más terapéuticos es escuchar, que el paciente se sienta escuchado, no examinado, no juzgado.
El tercer gesto es interiorizar, lo ajeno como propio, para producir una respuesta interior y una pregunta exterior. Nada de lo humano me es ajeno. La historia de los pacientes es nuestra propia historia, es la historia de la humanidad. Sus historia esta revelando parte de mi historia, y este movimiento interior nos eleva por encima de las apariencias. Intentamos ir de los síntomas y de las anécdotas a una visión donde los eventos se leen como un solo río con un propósito, como una estrategia del organismo para seguir preservando la vida.
Nos hemos llevado una impresión del paciente desde un tipo de información que es la que nos cuenta el paciente, de cómo lo cuenta, de cómo lo vive y de su lenguaje corporal.
El cuarto gesto es tomar el pulso. Este es un gesto sagrado. Colocados enfrente del paciente corazón con corazón, bien con los ojos cerrados o mirando a su corazón, conectamos con el pulso, con el ritmo de la vida del organismo del paciente. Los pulsos nos dan la información de su organismo, de sus niveles de vitalidad, de sus equilibrios o desequilibrios entre sistemas, y órganos, la constitución o temperamento. (doshas).
Se le pide al paciente que se tumbe
El quinto gesto crear una respuesta de relajación. Nos situamos sentados detrás de la cabeza del paciente y colocamos con suavidad las manos en el occipital, alineamos nuestro cuarto centro con el séptimo centro del paciente, y realizamos la maniobra de "la cuna," que sin entrar en detalles, se trata de mecer con mucha ternura las manos al paciente desde esa posición. Mientras hacemos esto dirigimos nuestros ojos hacia las zonas que nos llamen la atención o hacia las zonas donde se manifiesta el síntoma. Lo bello de este gesto es que utilizamos las tres energías. Con el contacto de las manos la energía reticular, con la proyección del corazón, la energía magnética y con los ojos la energía eléctrica.
El sexto gesto, colocamos las mano izquierda en la frente y la derecha en el occipital. Hacemos un bombeo suave entre las dos manos hasta que sintamos una buena comunicación entre ambas manos. Se completa está maniobra con una suave tracción de la cabeza con la intención de que llegue la tracción al sacro.
Hay muchas más maniobra que se hacen a nivel del cráneo, pero tan solo quiero señalar que son gestos, mudras, que consisten en colocar las manos en un determinado sitio con una intención concreta.
El séptimo gesto. Conectamos con la red etérica. Inicialmente pasamos la mano a unos diez o quince centímetros del cuerpo con la mano abierta vamos percibiendo los cambios, y nos quedamos en esas zonas donde se produce el cambio. Movemos las manos alejándolas y acercándolas al cuerpo del paciente hasta encontrar la distancia de mayor resonancia.
Y aquí empieza un dialogo de preguntas y visualizaciones, por ejemplo: ¿qué color necesita para equilibrar, fortalecer, restaurar… la energía en este lugar? Y uno evoca e imagina colores.
También se puede preguntar con las manos haciendo mudras concretos que expresan a las tres doshas, o con cada dedo que resuenan cada uno con uno de los cinco elementos. Con estos gestos movemos y regularizamos el prana vital del cuerpo.
El octavo gesto, es el testaje. La mano cualifica y resuena según la pregunta que se efectúe. La mano es un detector y detecta según la pregunta. A nivel de la red etérica las preguntas fundamentales tienen que ver con la cantidad, calidad y distribución de la energía. (esto se hace mediante la maniobra de homogenización, con el paciente de pie o sentado)
Otros testajes importantes son: fuga de energía, campo interferente, congestión, parasitaje, inversión magnética, bloqueos locales del tejido medio. Es aconsejable que estos testajes se hagan con el mudra de síntesis: todas las yemas de los dedos se ponen en contacto con la yema del pulgar.
El noveno gesto es consecuencia del anterior. Según lo que nos hayamos encontrado, las manos junto con la imaginería hacen de láser, emitiendo colores y frecuencias, hacen de reparadoras, sacan y meten energía, restauran la polaridad, conectan sistemas, centros, abren canales, estimulan o sedan puntos de acupuntura, magnetizan, y cualifican las imágenes, pensamientos y estados de conciencia del terapeuta.
En la práctica de la m.m.e. se utilizan junto con el tacto etérico, tres tipos de contactos: el profundo para rescatar y disolver la información en el cuerpo, ciertos tipos de masajes, presiones, golpeteos,…. Un toque suave lento y rítmico que tiene la cualidad de activar la circulación y un toque muy superficial, que preferentemente actúa sobre el sistema nervioso.
Se juega con las distancias de las manos referente al paciente, ¿cuál es la distancia más terapéutica? con la dirección de las mismas (se busca líneas de cruce, geometrías, de mayor respuesta terapéutica )
El décimo gesto. Buscar a nivel del cráneo (bandas y columnas), los puntos de síntesis y de mayor especificidad, incluyendo la somatopía de las orejas.
El onceavo gesto. A los pies del paciente posamos las manos en sus pies y damos gracias de todo corazón. Hacemos una reverencia interior al paciente: Gracias maestro.
El doceavo gesto. Abrazamos al paciente. Ese abrazo no es preciso que sea físico, es un abrazo desde el Alma, desde la levedad y el desapego.
Las manos tienen la vibración de la conciencia, del corazón y es esto es lo que las manos emiten, y las células del cuerpo empiezan a vibrar de otra manera, que deshace hábitos, que cura viejas heridas fosilizadas. Y entonces uno percibe el milagro de la vida, de la plasticidad de la vida donde puede ocurrir cualquier cosa, donde un gesto silencioso nacido de dentro produce un cambio que la mayoría de veces es imperceptible. Pero ocurre una especie de contagio donde el cuerpo del paciente aprende a salir de la inercia y aprende el sentido espiritual de lo que ocurre y acepta su proceso. Salimos a respirar un aire nuevo con ojos nuevos.
Encontramos que la enfermedad no es lo contrario a la salud, y dejamos de luchar, y tan solo queremos comprender con los ojos húmedos el corazón del paciente y su aprendizaje. Sin separaciones, intentando sintonizar con las leyes que incluyen la materia y el espíritu y encontrar los puntos de unión. Y uno se rinde y se encuentra que un gesto simple y espontáneo es la expresión más terapéutica y eficaz.
Víctor Morera Siscar