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Mudra de la Oración

Dr. Jorge Carvajal Posada

Orar es elevar el corazón

Llevamos las manos delante del corazón con una conciencia "orar es elevar el corazón". El corazón es ahora una llama de amor viva en el que arde el fuego del alma, el fuego humano, que nos integra a nuestra humanidad. Las manos son un símbolo del corazón.

Ahora cerramos las manos juntando los nudillos y tomamos conciencia de que son nuestro corazón. Así como es el corazón así son nuestra manos. El ventrículo derecho, el ventrículo izquierdo, sus cavidades, las dos corrientes, la sangre venosa, la sangre arterial, la sístole, la diástole, todo representado allí en nuestras manos . Sentimos como si ese campo del corazón que recibe la corriente de la vida se pudiera proyectar a las manos y nuevamente unimos las manos elevando los dedos en actitud de oración.

Proyectamos ahora las manos hacia adelante haciendo este mudra ( manos dirigiéndose hacia adelante con los pulgares unidos uno al lado del otro). Vamos a regresar al mudra original, al mudra de oración. Es una actitud de conciencia que físicamente nos dispone a elevar nuestro corazón y a consagrarlo.

Vamos abriendo muy lentamente las manos hasta llegar a la posición que ya señalamos haciendo el símbolo, los dedos pulgares apuntan hacia atras y los dedos índices unidos hacia adelante.

Tengamos conciencia de que tenemos cinco corrientes, los dedos son láser son los lugares o espacios a través de los que circula una corriente de conciencia cósmica que está en nosotros.

  • La primera corriente mas densa y externa es la de la tierra y corresponde al dedo meñique. Ahora despegamos los meñiques. Abrimos.
  • La segunda corriente es la del agua corresponde al dedo anular. Despegamos los anulares.
  • La tercera corriente es la del fuego, el dedo medio
  • La cuarta corriente es del aire (conciencia personal, la mente) corresponde al dedo índice.
  • La quinta corriente es el eter(conciencia transpersonal) corresponde al dedo pulgar. No las despegamos sino que unimos eter y aire.


Quiere decir que en este símbolo estamos viendo la conciencia transpersonal (eter) con la conciencia personal el aire (la mente).

Ahora orientamos los dedos hacia abajo. Esto es muy importante. Unimos los dedos por las cabezas de los metatarsianos y formamos otro mudra muy importante. Mantenemos los pulgares dirigidos hacia el corazón

Es importante la conciencia: atendemos, tenemos la intención de mover esos elementos de la conciencia conectados al corazón.

Imaginamos y visualizamos nuestras manos como si estuvieran adentro en nuestra mente y fuéramos concientes de la posición de cada uno de los dedos.

Descendemos esa corriente por el canal central Shusumna, el vaso concepción.

Vamos descendiendo los dedos orientados hacia abajo y los pulgares apuntando hacia la línea media del cuerpo.

Sentimos la energía que se proyecta a través de los dedos que descienden.

Sentimos la energía a través del centro del cuerpo señalada por los pulgares unidos.

Descendemos hasta el Triple Recalentador Inferior 6VC, el Tan tien, el mar de energía. Ahí permanecemos.

Repetimos ese tipo de movimiento con total conciencia.

Un mudra es vivo si la corriente de la conciencia lo acompaña. De lo contrario es un acto mecánico sin ningún sentido.

Nuevamente con plena devoción el corazón se expande a las manos. Sentimos la pulsación del amor en nuestras manos, ese fuego del amor del corazón que se eleva y se consagra al alma desde nuestras manos.

En nuestras manos estan los 10 movimientos de la conciencia, 5 en cada mano

Eter > pulgares
Aire > índices, los unimos y sentimos una corriente que los recorre
Fuego > medio, sentimos la corriente que va a lo largo de la palma hasta la punta de los dedos.
Anular > agua, sentimos la corriente de la flexibilidad y la adaptabilidad.
Meñique > tierra, corriente que densifica, concreta, que enraiza. Llevamos la conciencia allí.

Ahora conectamos la conciencia de todos los dedos como uniéndola en ese pequeño mar de energía que es el cuenco de la mano (las palmas), sentimos en el chakra de la mano la pulsación de toda esa energía unida y proyectada desde nuestro corazón al cuenco de la mano.

Vamos a ir liberando esas corrientes como si emprendiéramos el sendero de regreso desde la tierra a través del agua, de ahí al fuego, al aire y de ahí al eter, la conciencia primitiva del sonido, el Om.

Vamos separando inicialmente los meñiques, liberamos la tierra. La llevamos al agua y liberamos el agua. La llevamos al fuego, lo liberamos y lo llevamos al aire y con el aire y el eter unidos llevamos las manos hacian adelante y formamos el mudra.

Sentimos la energía en la palma de las manos, proyectamos esa energía de las palmas de las manos a la punta de los dedos. Orientamos los dedos hacia abajo y mientras los orientamos por la zona dorsal (yang), vamos descendiendo, llevando la energía del índice (aire) al medio que es el fuego, del medio (fuego) al anular (agua), del anular que es el agua al meñique (tierra).

Formamos este mudra con plena conciencia. Este mudra tiene una antena que es el pulgar, que se orienta hacia el corazón Recordar Unir las manos desde los nudillos, dedos hacia abajo (falange, falangina y falangeta integrados), desde la cabeza del metatarsiano, pulgar apuntando hacia el corazón.

Estar concientes de lo que estan haciendo. Si pierden la conciencia, pierden la corriente de energía que anima al mudra.

Ahora la energía entra por los pulgares y sale por los dedos. Y al salir por los dedos podemos ir creando esa corriente descendiente de la energía como llevando la luz de nuestro corazón y de nuestro polo rítmico al polo inferior pélvico (metabólico motriz). Vamos descendiendo por el canal central y sintiendo la energía moviéndose hacia abajo por el canal central. Sentimos como esa energía se pone en contacto y carga el 6VC, el mar de energía, un poco por debajo del ombligo. Entre el ombligo y la pelvis. Hacer los mudras concientemente.

Circuito

Sentir el fuego del corazón arder y palpitar en las dos manos.
Emprendemos el sendero de retorno desde la tierra .
Liberamos la tierra (meñique), liberamos el agua (anular), liberamos el fuego (medio), unimos el aire con el eter. Mano proyectada hacia delante.
Vamos uniendo esta vez los dedos hacia abajo. Desde el area dorsal del aire al fuego, al agua, a la tierra los orientamos hacia abajo.
Sentimos la corriente que va desde el pulgar a través del cuenco de la mano a traves de los dedos y descendemos la energía hasta la zona de 6VC (entre el ombligo y la pelvis) cargamos ahí la energía.

Ahora hacemos el movimiento ascendente:
Es un movimiento de giro, los dedos que apuntaban hacia abajo apuntan ahora hacia el centro del cuerpo primero y segundo que el pulgar como una antena guíe el ascenso de la energía y volvemos a ascender desde el triple recalentador inferior (polo metabólico motor), desde la zona del mar de energía hasta 17Vc, el triple recalentador superior; estamos conectando la materia (polo metabólico) con el polo rítmico en movimiento ascendente.
Nuevamente sentimos la energía que sale a través de los dedos y vuelve a nutrir el corazón.
Descendemos desde el corazón, cargamos el triple recalentador inferior.
Con esa carga volvemos a ascender y cargamos el corazón.
Nuevamente emprendemos un sendero que es despegar todos los dedos. Despegamos los dedos pulgares que miran hacia arriba. Luego vamos despegando el aire, el fuego, el agua.
Unimos la manos por los meñiques con las palmas hacia arirba y realizamos un mudra maravilloso. Sientan las palmas de las manos en este momento. Sientan el cuenco entre las manos, sientan la energía que hay ahí. Es el mudra de la cuna, del nacimiento. Como si pudieran acunar en ustedes aquello que va a nacer, sentir las manos, con dulzura, con ternura como si tuvieran entre ellas algo precioso, algo que pueden acunar, algo que pueden recibir: lo mas dulce, lo mas tierno, lo mas inocente de ustedes que está naciendo en este momento.

Una vez que sienten que acunan, sientan la energía como una proyección del corazón.

Es alguien que nace en ustedes del polo metabólico, del polo rítmico, de la tierra y del corazón hay algo que empieza a florecer.

Proyecten ahora de nuevo las manos uniéndolas concientemente en el mudra de oración. Eso se atesora como si lo atesoráramos en una flor. Elevamos ahora el corazón a la cabeza con el mudra.
Colocamos nuestro pulgar orientado hacia el 6º centro, en el entrecejo (tercer ojo) lugar de unión e integración, donde se integra la derecha y la izquierda, el arriba y el abajo, el espíritu y la materia.
Nuestro corazón florece ahora en nuestra cabeza. Nuestro pensamiento es guiado e iluminado ahora por el amor.

Muy lentamente emprendemos un sendero ascendente llevando el corazón y la cabeza al alma.

Imaginando una corriente de vida, de amor ascendiendo, es el sendero de retorno del discípulo al alma.

Vamos ascendiendo lentamente, extendiendo los codos, los brazos a ambos lados de los pabellones auriculares. Seguimos estirándonos lentamente, todos nuestros tendones, las fascias, sentimos esa corriente que asciende desde los pies a través del abdómen, la columna vetrebral, el tórax, el cuello, la cabeza, los brazos. Hacemos el movimiento sin empinarnos, estirándonos milímetro a milímetro y creamos un efecto piezo-eléctrico que genera un campo en el que vamos ascendiendo y cuando ascendamos arriba empezamos a abrir las manos sin separar los pulgares y los meñiques y con las manos formamos una flor de loto como un capullo que se va abriendo y llevamos la conciencia al cáliz de esa flor. Allí estamos simbolizando el alma, la semilla espiritual, la joya en el loto que está al interior de cada chakra y en nuestra alma.

Nos cargamos con la luz solar y amorosa del alma, la luz de la tríada espiritual, atesoramos esa energía en la sustancia luz que llamamos el amor que es la materia prima de esta creación y nuevamente vamos cerrando los dedos. Lo hacemos lentamente como si pudiéramos atesorar ese néctar sagrado de la vida.

Y vamos descendiendo desde el 7º centro hacia el 6º centro, cargamos el 6º centro a través del pulgar, descendemos lentamente hacia nuestro 4º centro delante de nuestro corazón. Atesoramos esa energía en nuestro corazón. Y ahora cruzamos las manos, las deslizamos haciendo el mudra del vuelo, de las alas del amor, las alas del corazón, las llevamos al corazón y sentimos ese sentimiento de levedad que podemos obtener cuando el corazón siente la cabeza; y la cabeza y el corazón, el intelecto y el amor se unen en Dios, se unen en el alma. Mentalmente repetimos tres veces, "Om mani padme hum, yo soy la chispa en la llama del amor divino"

Lo peligroso es aprendérselo de memoria, porque se quedan congelados en el pasado. Hacerlo desde la conciencia para estar vívidamente en el presente. La clave no es la postura, la clave es conciencia, es una corriente de conciencia. Hacerlo inconcientemente no sirve para nada, es una pérdida de tiempo.

Practiquen este movimiento. Si lo repiten con plena conciencia se produce un estado de alineación de tal dimensión que convierte su aura en magnética y radiactiva y a través de esa aura magnética radiactiva se pueden conectar a sus manos y éstas pueden ser una corriente vívida de energía sanadora.
Lo que sana es el alma, es la conciencia. Hay que conectar las manos al corazón, conectar el corazón a la cabeza. Hay que conectar el intelecto y el el amor al alma. Lo contrario es perder tiempo.

Este mudra es el mudra de síntesis, es el mudra de la sintergética. Ahi están contenidos todos los movimientos de las doshas, los movimientos de la energía, los tres polos, la alineación con el alma ya no solo desde el punto de vista del pensamiento sino que el pensamiento se vuelve un movimiento amoroso y conciente. Si ustedes practican cada mañana antes de salir para la consulta y le dedican tiempo concientemente, basta con hacerlo uno, tres o cinco minutos. Hacerlo mínimo una vez y si es posible varias veces.

Si se desalinean entre paciente y paciente, repítanlo. Si lo pueden hacer en el grupo de sanación, este mudra tiene un poderosísimo efecto de alineación. Es un mudra de carga donde preparamos y consagramos nuestro instrumento, preparamos nuestras manos para poder trabajar con transparencia y con coherencia. Hagan esta pequeña experiencia en la mañana. Para que se bajen del ego, se les quite el sentimiento de importancia. Lo imporante es que sean comunes y corrientes, que se bajen de su pedestal y abracen su propia humanidad porque esa humanidad que abrazan es su fuerza real cuando van a sanar. Al unirse cada mañana a la humanidad aumenta la banda pasante (banda de recepción y de emisión de la energía) de nuestra humanidad



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